Una educación para el subdesarrollo. Hay el riesgo de que la clase política vea al MEP como un engranaje de su máquina electoral. Por Alejandro Jenkins.
Según los datos de la Cepal, Costa Rica tiene la cuestionable distinción de ostentar, desde hace un par de años, el mayor déficit fiscal (como porcentaje del PIB) de toda América Latina, una región del mundo que nunca se ha caracterizado por una gran prudencia en el manejo de los dineros públicos. Sin embargo, el origen de ese déficit no suele discutirse claramente en los medios.
En marzo del año pasado, en un foro organizado por ANFE, el ministro de Hacienda, Fernando Herrero, explicó que la fuente principal de la crisis fiscal fue la decisión, tomada a inicios de la segunda administración Arias, de aumentar dramáticamente los salarios de 6.000 empleados del Servicio Civil, sin reconocer o sin tomar en cuenta que la legislación vigente iba a obligar a hacer ese aumento extensivo a los 45 000 empleados del MEP. Ese aumento obligó también a disparar los gastos en pensiones y transferencias a las universidades públicas.
Es engañoso, por lo tanto, presentar el actual déficit como consecuencia planeada de una política keynesiana de respuesta a la crisis internacional, como lo ha hecho en estas páginas el exministro de la presidencia Rodrigo Arias ("A propósito de la mesa servida", 13/01/2012).